Se esperan cambios en la vida de los consumidores mayores con productos en desarrollo usando inteligencia artificial (AI). Aunque muchos no nos sentimos cómodos con la nueva tecnología porque consideramos que invaden nuestra privacidad o son un recordatorio constante de la pérdida de nuestras habilidades cognitivas, estos productos nos ofrecen mejorar nuestra calidad de vida.

 

Desde ayudarnos a preparar una comida sin quemar la cocina hasta mejorar la calidad del sueño usando sensores que miden los patrones de comportamiento y ajustan nuestro medio ambiente.

Se espera que AI ayudará a prevenir caídas. Las caídas ponen en riesgo la independencia de los ancianos y causan una cascada de consecuencias individuales y socioeconómicas.

Los hospitales y hogares de ancianos usarán la tecnología para rastrear mejor qué pacientes corren mayor riesgo de caídas y cuando más necesitan la ayuda de asistentes. La tecnología recoge información de los registros de salud como, con qué frecuencia requieren ayuda de las  enfermeras, para constatar qué pacientes necesitan más atención del personal y en qué momentos específicos del día. Disponer de ayuda justo cuando la necesitan marca una gran diferencia para los pacientes que de lo contrario corren el riesgo de caerse.

La tecnología inteligente y sus sensores pueden rastrear cómo las personas mayores se desplazan por su medio ambiente a través del  día, brindando información a técnicos y familiares. Por ejemplo, enseres electrónicos que se apagan automáticamente pueden ser útiles para personas con limitaciones de memoria.

A medida que la tecnología recopila más y más información sobre una amplia variedad de actividades, como cómo las personas conducen, cómo se desplazan a través de sus hogares y cómo duermen, los investigadores pueden integrar estas diferentes piezas de información y crear productos y servicios adecuados a nuestra población.